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Erika estaba cansada, demacrada, muchos sentimientos negativos pasaban por su mente, había perdido camaradas, hermanos, en el frente oriental, de cierta manera, detestaba la guerra.

 

Por suerte se había ganado un permiso a Italia, puesto que su rango le permitía, bendito sea el Führer.

 

Pepperoni se sentía cansado debido a que había acabado de salir del frente del norte de África, por lo que decidió descansar un poco en su ciudad natal “Florencia"

 

-que hermoso es volver a casa después de una larga batalla-

 

Aprovecho la oportunidad de que había un taxi y entro en el

 

-a las afueras por favor-

 

El taxi empezó a moverse mientras el cielo se nublaba debido a que iba a llover

 

-mm por fin llueve después de ese calor en el desierto, ahhh que deliciosos eran los huevos al tanque que me hacían los África Korps de rommel-

 

Debido a que estaba algo congestionado el transito el taxi se detuvo frente a la estación de trenes por el embotellamiento así que empecé a jugar con mi castaño cabello mientras veía salir la gente de la estación y la lluvia

 

Erika había llegado a su destino, con calma y tranquilidad, añoraba visitar Florencia, la última vez fue... ¿Hace cuatro años? Ya ni recordaba pero estaba dentro de una comitiva de entrenamiento para el ejército Italiano.

 

Todo iba viento en popa, mientras se baja del tren pero lamentablemente, la lluvia llegaba de improvisto, hastiando un poco a Erika, el veterano del frente oriental.

 

—Lo que faltaba, lluvia... Si ya me aburrí de la nieve, viene la jodida lluvia. —

 

Arregló su uniforme mientras caminaba con orgullo por la estación. Amaba ser parte de la Werhmatch.

 

Pepperoni vio toda la gente que baja del tren mientras juega con su cabello, y vio que del tren baja alguien que le resulta familiar, que le recordaba un soldado de la Werhmatch que me había salvado unos 4 años antes de morir por una explosión

 

-sera ese soldado, tiene que ser lo!!!-

 

Al instante se bajó del taxi sin importarle su equipaje y fue donde aquel soldado que una vez le salvo la vida y que ni conoció su nombre mientras le gritaba para que me viera

 

-oye tu amiga!!!!-

 

Llegó hasta él, claro con toda su ropa empapada debido a la lluvia y la miro feliz y le estiro la mano para saludarla

 

-saludos soy pepperoni, soy el soldado que hace 4 años moriste de morir-

 

Erika sentía la lluvia golpear su cabello muy fuerte, lo bueno era que no le molestaba en lo más mínimo.

 

Escucho una voz, con aquel acento italiano que tanto me gustaba, además, le era familiar aquel tono. Hasta que vio quien era, aquel joven soldado italiano que estaba ayudando en el sitio de Kiev.

 

—¡Pero si eres tú!. — Soltó con felicidad, estrechando su mano, quien iba a pensar que estaría con un sobreviviente de aquella fallida misión.

 

—Los años no te afectan, pequeño soldatten. — Soltó divertida mientras terminaba de estrechar su mano.

 

Pepperoni soltó una pequeña risa mientras se tornaba roja por lo que aquel soldado le dijo, mientras tanto el hombre del taxi empezó a sonar el claxon del vehículo lo que quería decir que fuera pero ya

 

-jaja si, que recuerdos no amiga por cierto no se tu nombre me lo podrías decir además se podría decir que a ti el campo si te afecto un poco, tienes un color algo gris como si hubieras estado en una mina-

 

Al oír el sonido del claxon se puso pensativa mientras espero su respuesta, y antes de que le fuera a decir su nombre lo interrumpió y dijo

 

-¿Qué tal si vamos a mi casa?, es un lugar agradable y está a las afueras, además el hombre del taxi creo que se está enojando-

 

Antes de que ella pudiera decir sí o no tome sus maletas y fue hacia el taxi mientras le gritaba

 

-ven que me mojo!!!-

 

Abrió la puerta del taxi y metió sus maletas en el asiento delantero del copiloto y se sentó en el asiento trasero derecho esperando a que ella se subiera

 

A Erika le causaba gracia que aquel itálico soldado, se tornara rojo por un leve comentario dicho por ella, de verdad, Pepperoni era realmente divertida. Al mencionar sobre su color de piel, recuerdos llegaban del frente oriental, sus penurias en Stalingrado y otras ciudades rusas.

 

—No creo que sea bueno hablar de aquello. — Soltó un poco duro mientras empezaba a seguir a la simpática mujer, siempre le había caído bien aquella italiana.

 

—Pues... Erika Itsumi. — Soltó mientras se subía al taxi, ir a su casa no estaría mal, un poco de nuevos aires en el campo italiano no vendría mal.

 

La miro y le sonrió de una manera que demostraba que haberla volverla ver le hacía feliz, así que al oír su nombre se quedó pensativa y soltó una pequeña risa por lo que había pensado. Al instante le dirigió la palabra al taxista

 

-A las fueras por favor.-

 

El taxi acelero y empezaron a ir hacia las afueras mientras jugaba con su cabello y veía lo ario de Itsumi.

 

-Wow ustedes los alemanes si son raza pura, no como yo, que soy blanco, pelo castaño, ojos cafés (uno avellana y otro oscuro).-

 

El taxi logro salir de la ciudad después de unos 10 minutos, pero claro aún faltaban unos 30 minutos de viaje hacia su hogar

 

-bueno aún falta mi querida camarada-

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